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Javier Villarreal Lozano
Javier Villarreal Lozano
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15 Diciembre 2019 04:05:00
Gracias, Mr. Juez
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La aprehensión en Texas del secretario de Seguridad Pública en el Gobierno de Felipe Calderón, Genaro García Luna, dio, según algunos analistas, un poco de oxígeno a la controvertida política de seguridad del presidente Andrés Manuel López Obrador. Esto a pesar de que la noticia mandó a un segundo plano la aprobación del nuevo tratado comercial de México, Estados Unidos y Canadá, proclamada como un triunfo de la 4T.

La detención del controvertido exsecretario, a quien se acusa de recibir dinero de cárteles de la droga, tuvo la virtud, por lo pronto, de poner en marcha a una de las instituciones insignias del actual sexenio, la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF), últimamente muy activa en la tarea de congelar cuentas bancarias.

Casi de inmediato, tras conocerse la noticia de la detención de García Luna, funcionarios de la UIF “detectaron una triangulación de recursos federales entre dependencias federales, varias empresas y cuentas de Genaro García Luna”. Luego de ese descubrimiento, anunció el titular de la Unidad, Santiago Soto, se prepara una denuncia ante la Fiscalía General de la República, y el Gobierno federal analiza solicitar la extradición del exfuncionario.

Por pura vergüenza, el Gobierno federal y sus dependencias deberían evitar cualquier protagonismo en este caso, pues lo que hagan no será sino colgarse de la cola de un cometa legal adornado con la bandera de las barras y las estrellas.

El Gobierno de López Obrador acaba de cumplir un año, durante el cual uno de los villanos favoritos del Jefe del Ejecutivo federal en sus conferencias mañaneras ha sido el expresidente Calderón, iniciador de la guerra contra el narcotráfico. Sin embargo, en los 12 meses transcurridos García Luna vivió tranquilamente en Miami sin que ninguna autoridad mexicana lo molestara.

Fue un juez norteamericano de la Corte Federal de Nueva York, quien, basado en las declaraciones de uno de los narcotraficantes que testificaron en el juicio del “Chapo” Guzmán, solicitó la aprehensión del antes llamado el superpolicía mexicano.

En otras palabras: las autoridades mexicanas, incluyendo a las de la UFI, tuvieron un largo año para armar el caso y no lo hicieron. Esperaron a que la chamba la hiciera un juez de la Corte Federal de Nueva York. Pero, eso sí, cuando el asunto ya estaba armado, entraron rápidamente en acción repartiendo declaraciones y congelando cuentas.

Desafortunadamente, no es la primera, y difícilmente será la última vez que un presunto delincuente mexicano encare a la justicia gracias al trabajo de funcionarios norteamericanos. De dar pena.


Letras sueltas

Entre las numerosas opiniones recibidas acerca del artículo ¡Es Bellas Artes, señora!, aparecido en este mismo espacio el jueves anterior, transcribo un párrafo de la enviada por el poeta Juan Martínez Tristán, quien se mostró de acuerdo con los puntos de vista sostenidos en ese texto. En su comunicación, el poeta y maestro subraya la pobreza estética del cuadrito de Emiliano Zapata y su irritación de que forme parte de una exposición en el que es –¿era?– el más alto recinto cultural del país. Dice:

“Además (se exhibe) en un sitio donde me tocó ver los dibujos originales de Da Vinci colocados en sala sombría bajo temperatura especial, El Pensador de Rodin o la Maja Desnuda de Goya, y como usted lo expresa, no merece, de ninguna manera que un bodrio de tal especie esté colgado en el máximo templo de la cultura mexicana”.

¿Así, o más clara la comparación?
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